martes, 5 de marzo de 2013

La fuerza del trabajo genera el beneficio empresarial.


La lucha de clases existe desde siempre y probablemente existirá por siempre. Desde que hay capitalistas y obreros/as, hay desigualdades entre unos y los otros, entre opresores y oprimidos.

La relación contradictoria entre el capital y el trabajo es el eje sobre el que gira la estructura social moderna y que ninguna teoría económica ha sido capaz de resolver, desde la burguesía tradicional hasta las teorías Keynesianas. Sólo Marx en su obra “El Capital”, hace un correlato riguroso de esta contradicción que se aproxima a la certeza científica.

La economía política enseña que el trabajo es la fuente de toda la riqueza y la medida de todos los valores, de forma que los objetos que hayan costado el producirlos el mismo tiempo de trabajo, tienen el mismo valor. Y como sólo pueden cambiarse entre sí valores iguales, esos objetos deben poder ser cambiados los unos por los otros. Pero al mismo tiempo esta misma economía política, nos dice que existe una especie de trabajo acumulado al que se le da el nombre de capital, y que ese capital gracias a los recursos auxiliares que encierra eleva la capacidad productiva del trabajo vivo, gracias a lo cual exige una cierta remuneración que se conoce como beneficio o ganancia.

Ello nos lleva a una realidad contrapuesta a la lógica, por la que mientras las ganancias (trabajo muerto) acumuladas crecen en proporciones desmesuradas y los beneficios de los capitalistas se hacen cada vez más gigantescos, el salario del trabajo vivo se reduce cada vez más, y la masa de los obreros que viven exclusivamente de un salario se hace cada vez más numerosa y pobre.

El sistema propicia más valor al trabajo muerto (beneficios) que al trabajo vivo (salarios) y para ello es preciso contar con cada vez mayor mano de obra para generar más trabajo muerto (beneficio) para los capitalistas.

¿Cómo resolver esta contradicción? ¿Cómo es posible que el capitalista obtenga ganancias, si al obrero se le retribuye el valor integro del trabajo que incorpora a su producto?, teniendo en cuenta que el cambio siempre supone valores iguales. Por otra parte, ¿cómo pueden cambiarse valores iguales y retribuirse al obrero el valor integro de su producto, si este producto se reparte entre él y el capitalista?.

Ante estas contradicciones, ni la economía al uso, ni los críticos socialistas de la teoría de la economía política han sido capaces de dar una respuestas lógica y convincente, hasta que Marx formuló el concepto de la ganancia, “la plusvalía”, remontándose a su verdadera fuente y poniendo claro con ello todo el problema.

¿De dónde nace entonces la plusvalía? Los capitalistas valorizan su capital por medio del cambio, comprando mercancías con su dinero para venderlas después por más de lo que les han costado. Esta diferencia es lo que Marx llama “plusvalía”, pero ¿de dónde nace esa plusvalía?. Partimos del supuesto aceptado en economía, de que solo se cambian valores iguales, por lo que no parece que comprar una mercancía para venderla posteriormente pueda generar plusvalías, ni tan siquiera, genera plusvalías cambiar una monedas por otras. El poseedor del dinero después de realizar esta operación no es más rico, ni más pobre que antes, simplemente tiene el mismo dinero porque ha cambiado valores iguales. Tampoco nace la plusvalía del hecho de vender las mercancías por más de lo que valen, o bien que los compradores compren por debajo del precio de mercado, porque los que son ahora compradores, serán después vendedores, y por tanto, lo que ganan en un caso lo pierden en el otro. Ni puede provenir de que los vendedores y compradores se engañen los unos a los otros,  ya que no se crearía valor nuevo, sino un cambio de la distribución del capital existente entre los capitalistas.

Para explicar esto en el modelo social vigente el capitalista encuentra en el mercado una mercancía que al consumirse engendra un nuevo valor, esta mercancía es la fuerza del trabajo, y su valor viene determinado por el trabajo necesario para producirla. La mercancía “fuerza del trabajo” existe bajo la forma de obrero vivo, quien para vivir y mantener además a su familia que garantice la persistencia de la fuerza del trabajo aún después de su muerte, necesita una determinada cantidad de medios de vida. El tiempo de trabajo para producir estos medios de vida representa el valor de la fuerza del trabo. Si el capitalista se lo paga semanalmente al obrero, compra con ello el uso de su trabajo durante una semana.

El capitalista pone a su obrero a trabajar  y éste, al cabo de determinado tiempo suministra la cantidad de trabajo que representa su salario semanal. Supongamos que el salario semanal del obrero equivale a tres días de trabajo, con lo que, trabajando de lunes a miércoles habría reintegrado al capitalista el valor íntegro de su salario, pero el obrero no deja de trabajar ya que el capitalista ha comprado el trabajo de una semana. Por tanto, el obrero tiene que seguir trabajando. Este trabajo extra del obrero (plus trabajo) después de cubrir el tiempo necesario para reembolsar al capitalista su salario, es la fuente de la plusvalía, de la ganancia, del incremento progresivo del capital.

Puede cuestionarse el hecho de, en qué tiempo rescata el obrero el salario que percibe; pero lo que es incuestionable es, que el obrero trabaja para el capitalista sin retribución un tiempo determinado después de reponer el salario. Y esto no es una suposición porque cuando el capitalista solo saque del obrero el trabajo que le remunera mediante el salario, cerraría la fabrica al no tener ganancias.

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