miércoles, 4 de enero de 2012

Las aristas del mensaje del Ministro De Guindos.


Como elefante en cacharrería. Decir que el paro pone en cuestión el Estado del Bienestar no es propio de un estadista , ni tan siquiera de un Ministro de Economía de un país políticamente ultraconservador como representa el gobierno de España. Es un mensaje lleno de aristas malintencionadas y  muy peligroso para la sociedad a la que va dirigido porque aterroriza y genera miedo entre la ciudadanía, y cuando una sociedad vive asustada y aterrorizada es inducida a aceptar decisiones inapropiadas e injustas.

Y, en las condiciones actuales de incertidumbre y de miedo en que vive la sociedad española, ésta pierde el concepto de la libertad, de la justicia y de lo necesario; y opta por la resignación de aceptar lo adecuado a la coyuntura económica actual. –resignarse al miedo-

Sin embargo, el mensaje del Ministro tiene múltiples aristas y atractivas perversiones para quienes va dirigido en realidad, que no son otros que los responsables de la generación del miedo, la banca, el gran capital y el tejido empresarial que están al acecho de la mayor y más majestuosa pieza de negocio que hoy puede haber en España: la sanidad, la educación, la dependencia, ...

La perversión del mensaje de De Guindos tiene una excelente acogida entre la CEOE por coincidir con los planteamientos de la patronal en lo que se refiere a la reforma laboral, en vista de los datos del paro de diciembre y de la caída en la afiliación de la SS. Ambos coinciden en la necesidad de realizar una reforma que adopte medidas de carácter estructural para flexibilizar la contratación y la capacidad de adaptación ante los cambios económicos.

En realidad el Ministro está ofreciendo carta blanca a la patronal para hacer imposible el acuerdo con los sindicatos y alcanzar por la vía de los hechos los objetivos empresariales, máxime cuando flexibilizar la contratación para los patronos significa ir hacia un contrato único, por horas, de una duración limitada no más allá de un año, con una insignificante indemnización por despido en el mejor de los casos y con un salario no superior al SMI por 40 horas de trabajo semanal.

¡Así no!.

Es verdad que es preciso una reforma estructural y profunda del mercado laboral; una reforma que haga aflorar el 30% de la economía sumergida, el altísimo índice de fraude en la contratación y que oriente la cultura empresarial hacia el progreso y el desarrollo socioeconómico en lugar del negocio. Y por qué no, si se quiere un modelo de contrato a demanda de las empresas, que se haga con garantías de derechos jurídicos y sociales de los trabajadores y trabajadoras. Solo con los 100.000 millones de euros que el gobierno a escondidas va a dar a la banca, puede garantizarse el valor justo del trabajo, el saneamiento de la deuda municipal y la financiación de los servicios esenciales y universales para la ciudadanía.

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